
Hubo un momento en el que Madrid ya no quería pedir permiso.
Después de años de silencio, la ciudad empezó a llenarse de música, películas, revistas, fotografías, noches interminables, looks imposibles y gente con ganas de hacer cosas que hasta entonces parecían impensables.A ese momento se le llamó La Movida Madrileña.
Pero más que un movimiento, La Movida fue una explosión.
MADRID QUERÍA HACER RUIDO

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Pedro Almodóvar fue una de las figuras que mejor supo capturar aquella energía de la Movida y convertirla en una forma de contar historias.
Antes de convertirse en uno de los directores más reconocidos del cine español, Almodóvar estaba experimentando con cortometrajes, música, fotografía, escritura y performance. Su primera etapa está profundamente ligada a aquel Madrid. Un Madrid nocturno, provocador, divertido, exagerado y libre.
Un Madrid en el que parecía que todo podía convertirse en arte.

Y, por supuesto, la ropa no podía quedarse fuera.
La estética de aquellos años estaba marcada por la mezcla y por la ausencia de reglas demasiado claras. Punk junto a glamour. Vintage junto a prendas nuevas. Feminidad junto a elementos masculinos. Exceso junto a piezas aparentemente cotidianas. La ropa dejó de ser solamente una forma de vestir y empezó a convertirse en una forma de decir quién eras.
Y eso conecta directamente con algo que nos interesa especialmente en Raimunda:
La creatividad no consiste en tener más ropa. Consiste en aprender a mirar de otra manera la que ya existe.

Quizás eso sea lo más interesante de La Movida. Nació en una ciudad.
De sus calles, sus noches, sus artistas, sus bares, sus contradicciones y de una generación que quería probarlo todo.Y de ese caos creativo surgieron las primeras imágenes del universo de Almodóvar.
Porque para entender sus colores, sus personajes, su humor, su exceso y esa mezcla tan particular entre lo cotidiano y lo extraordinario, también hay que entender el Madrid que había alrededor de él.

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Con cariño, Raimunda team.
