
Hay películas que parecen tener un universo propio.
Y luego está Almodóvar. Porque cuanto más miras sus películas, más empiezas a reconocer cosas que vienen de otros lugares: una película de Hollywood, una pintura, un cómic, una canción, una revista, una escultura, una forma de vestir.
Almodóvar no inventó todas estas referencias.
Las coleccionó. Las mezcló. Y las hizo suyas.
HOLLYWOOD, PERO A LA MANERA DE ALMODÓVAR

El cine clásico americano es una de las grandes referencias de Almodóvar.
Entre sus influencias aparecen directores como Douglas Sirk, Alfred Hitchcock y Billy Wilder.
De Sirk, el melodrama. De Hitchcock, el suspense, la mirada y los juegos de identidad. De Wilder, la ironía y esa capacidad de hacer convivir el humor con situaciones oscuras.
Pero Almodóvar no intenta reproducir su cine, Lo transforma. Coge aquello que le interesa y lo lleva a su propio universo: Madrid, sus personajes, sus colores, su sentido del humor.
Una referencia deja de ser una referencia cuando pasa por tu propia mirada.

En los años 70, su imaginario también se estaba construyendo lejos del Hollywood clásico.
Cómic underground. Nouvelle Vague. Glam. Punk. Bowie. Roxy Music. Andy Warhol. John Waters.
Almodóvar ha hablado en varias ocasiones de todas estas referencias, además de publicaciones como El Rrollo Enmascarado y El Víbora. Y aquí hay algo importante.
Todas estas cosas tenían algo en común:
No respetaban demasiado las fronteras.
Cine y música.
Arte y cultura popular.
Moda y provocación.
Lo sofisticado y lo kitsch.
Ese caos de referencias terminó convirtiéndose en parte de su propio lenguaje.
CUANDO EL ARTE ENTRA EN LA PELÍCULA

Pero quizá lo más interesante es que las referencias artísticas de Almodóvar no siempre están ahí simplemente para decorar.
A veces cuentan la historia.
En La piel que habito, por ejemplo, aparece Louise Bourgeois.
Almodóvar quedó fascinado por su obra después de visitar una exposición en la Tate Modern, y sus esculturas textiles se convirtieron en una referencia fundamental para el personaje de Vera.
Vera empieza a crear obras inspiradas en Bourgeois durante su encierro.
El arte deja de estar en el fondo. Se convierte en parte del personaje.
Y no es el único ejemplo.
En la misma película aparece la Venus de Urbino de Tiziano, otra referencia que introduce una reflexión sobre el cuerpo, la mirada y la representación.
Y en Los abrazos rotos aparecen las famosas pistolas de Andy Warhol, integradas directamente en el universo visual de la película.
Una pintura.
Una escultura.
Un objeto.
Una canción.
Todo puede convertirse en una pista.

Quizá por eso las películas de Almodóvar funcionan un poco como un juego.
Cuanto más miras, más encuentras. Detrás de una habitación puede haber una pintura.
Detrás de un personaje, una película. Detrás de un vestido, una época.
Y detrás de una escena aparentemente cotidiana, una referencia que viene de otro mundo.
Almodóvar no colecciona imágenes. Colecciona maneras de mirar.
Y después las mezcla hasta crear algo que reconocemos inmediatamente como suyo.
En Raimunda nos interesa especialmente esa idea. Porque nosotras también trabajamos con cosas que ya tienen una historia. Prendas que pertenecieron a otros personajes, otras películas, otras épocas.
No queremos borrar todo lo que fueron.
Queremos descubrir qué pueden ser ahora. Y quizá eso sea lo más bonito de una referencia: que no termina cuando la encuentras.
Empieza cuando decides qué hacer con ella.

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Con cariño, Raimunda tea,.